Sunday, November 27, 2022

Jinetes rifeños desmontados. Continúa la retirada de Izzumar a Ben Tieb

En el juego de Baraka y Fatalidad, las unidades de caballería, se mueven a una velocidad pasmosa por el tablero, por contra, son un blanco más fácil para los tiradores rivales, pero para eso, tienes la opción de poder ordenar a tus tropas montadas, que desmonten y escaramuceen o realicen el asalto a pie. Así que después de terminar las miniaturas de mis jinetes rifeños montados hace varias semanas, me ha tocado volver a pintarlos, pero esta vez a pie. Aunque pueda parece una tontería, es un detalle extra, el que lo jinetes a caballo, sean exacamente iguales que los jinetes desmontados. Las miniaturas, son perfectamente reconocibles en ambas modalidades.



Además, llegado el caso, si decido no sacar la unidad montada en una partida, lo bueno, es que puedo usar su contrapartida a pie, como si de una unidad de fusileros rifeños más se tratase. Esta vez, no he tenido que quebrarme mucho la cabeza, ya que me he limitado, a copiar los esquemas de colores que previamente había creado para los jinetes montados.


En cuanto a la crónica de la retirada del ejército español del campamento de Annual, dejamos a las tropas llegando a Izzumar, donde no pudieron refugiarse, debido al estado del mismo, viéndose obligados a continuar la retirada. En las cinco horas que duró aquella retirada, se calcula que de los 6.000 hombres que tenía Silvestre en Annual y sus inmediaciones, aproximadamente 2.500 hombres del campamento de Annual y otros 1.500 repartidos entre blocaos y posiciones intermedias, murieron a manos de los rifeños.

Es en ese momento, que el regimiento de caballería Alcántara, hace su aparición, aunque me referiré aquí someramente a la actuación de ese magnífico regimiento, ya que más adelante, le dedicaremos el espacio que merecen, refiriendo sus actuación en aquellos días tan desesperados y que conllevaron que se le concediese a la unidad una Laureada de San Fernando a título colectivo. El teniente coronel Primo de Rivera y sus hombres del Alcántara, se dedicaron a dar repetidas cargas contra los rifeños que hostigaban a la columna en fuga, presas del pánico. Quedando claro, que no podría contar con la mayoría de aquellos hombres, para revertir la situación. En Ben Tieb, algunos oficiales trataron de reorganizar a parte de la tropa, al contar allí con municiones, suministros y la posibilidad de hacerse fuertes, pero un rumor comenzó a correr entre la tropa: el general Navarro estaba a 20 kilómetros de allí, en Dar Drius, con tropas frescas, munición y víveres, por lo que los hombres se lanzaron en aquella dirección, desoyendo órdenes e indicaciones de los mandos. La realidad, que encontraron, distaba mucho de aquellos rumores, ciertamente encontraron allí al general Navarro, pero sin tropas de refrescos, víveres, ni grandes remesas de munición. Su misión era tratar de reorganizar a las tropa y tratar de resistir, hasta que una columna de socorro pudiera ir en su auxilio desde Melilla, si bien es cierto, que esos prometidos refuerzos, no iban a llegar, ya que el pánico estaba cundiendo por Melilla, al pensar que las tropas rifeñas podrían llegar hasta la ciudad y tomarla al asalto.

La posición de Dar Drius, estaba al mando del teniente coronel Pérez Ortiz, se encontraba en condiciones aceptables, ya que el campamento estaba construido con parapetos de adobe y barracones aspillerados, tenía una aguada cercana y disponía de munición y víveres, aunque no los suficientes para soportar un asedio prolongado. En la posición se conocían las noticias de lo sucedido en Annual, por oficiales y tropas que habían pasado en desbandada en dirección a Melilla, por lo que Ortiz dispuso las medidas necesarias para apoyar la columna en su retirada y fortificar las defensas del campamento. Pero tratar de devolver a los fugitivos a la disciplina no fue una tarea fácil, los hombres estaban atemorizados, cansados y heridos: ni aceptaban órdenes, ni las acataban.

Finalmente, lograron retener a parte de los soldados en fuga, con la promesa de la pronta llegada del general Navarro y los refuerzos que vendrían de Melilla. Los hombres que se quedaron, pudieron descansar, comer y beber algo, al tiempo que los heridos pudieron ser atendidos. Aquello, junto al hecho que los rifeños no se acercaban a las defensas del campamento y no hostigaba a los soldados del interior, elevó la moral entre la tropa.

A media tarde del día 22, llegó a la posición el general Navarro, quedando impactado por la magnitud del desastre. Ordenó evaluar la situación, saber de qué recursos se podía contar y el estado de las tropas. Entre sus primeras medidas, ordenó desarmar a las cabilas amigas, en vista que algunas, durante la retirada, se volvieron contra los españoles y abrieron fuego contra ellos, uniéndose a la horda de enemigos que los acosaban. Su segunda orden, fue ordenar que todos los puestos que rodeaban Dar Drius, fueran abandonados y la tropa se refugiara en el el interior del campamento. Para llevar a cabo el repliegue de aquellas unidades dispersas, se ordenó a los supervivientes del Alcántara, que reprimieran los intentos rifeños por obstaculizar aquella misión.

A pesar de todo, Navarro tenía dudas sobre si mantenerse en aquella posición era lo adecuado o no, temía que las cabilas rifeñas que estaban entre ellos y Melilla, se levantaran en masa, animados por la marcha de los acontecimientos, envolviendo la posición y evitando la llegada de posibles refuerzos o una posterior retirada, si era necesaria. Es más, conocedor de la situación en Melilla, sabía que organizar una columna de socorro, tardaría bastantes días en poder organizarse, primero tenía que recibir refuerzos de la península y de Ceuta. Por ello telegrafía a Melilla, con un mensaje claro: "La situación sólo se salvaría, con la llegada urgente de refuerzos".

Finalmente, ordenará a los hombres a retirarse a Monte Arruit, por encontrarse esa posición más cerca de Melilla y por tanto estarán más cerca d la ciudad y de los posibles refuerzos que puedan enviarles.

Buena caza y largas lunas.





Monday, November 14, 2022

Granaderos rifeños. La caída del campamento de Annual.

El proyecto de rifeños para completar la Harka de Guerras del Rif, sigue avanzando a buen ritmo, en esta ocasión he estado trabajando en el blister de seis granaderos, una mezcla de figuras, que portan tanto granadas, como cartuchos de dinamita. 

A nivel juego, se puede añadir un granadero a cada unidad, pagando el coste en puntos para cada miniatura. Esa miniatura aporta una única granada, es decir, una vez la lance, podrá seguir actuando como un fusilero más, pero no volver a lanzar otra granada.

Continuando con la cronología del desastres de Annual, vamos a continuar hablando de los sucesos, acaecidos tras la caída de Igueriben. La toma de esa importante posición, abrió un hueco terrible en el flanco izquierdo del campamento de Annual, que podía permitir a las tropas rifeñas, llegar a la posición de Izzuman, un desfiladero estratégico y cortar la retirada de las tropas españolas. Para complicar aún más la situación, Silvestre en un intento de socorrer la posición de Igueriben antes de su caída, vació Melilla de todo los hombres disponibles, por lo tanto, prácticamente no quedaban tropas de retaguardia que pudieran frenar un posible avance rifeño hasta Melilla, si las tropas de Annual eran rebasadas.

El 21 de julio, la moral en el campamento de Annual era muy angustiosa, el general Silvestre se encontraba totalmente fuera de sí, hablaba solo, de manera incongruente y se mostraba dubitativo en la toma de decisiones. La tropa se encontraba desmoralizada, los pertrechos eran escasos, faltaba avituallamiento, las reservas de agua eran escasas y los hombres disponían de unos 100 cartuchos por cabeza y unos 30 proyectiles por cañón. Lo que les permitiría aguantar un ataque serio, pero les dejaría al límite, de producirse un segundo ataque. Eso provoca que a lo largo del día 21, se produzca un frenético cruce de telegramas entre Annual, Melilla y Ceuta, donde se encuentra el alto comisario realizando unas operaciones contra Raisuni. Se decide mandar desde la península urgentemente tropas de refresco a Melilla, mientras que la comandancia de Ceuta, ordenará que dos banderas de la Legión y un tabor de regulares, aproximadamente 2.000 hombres, embarquen en dirección a Melilla. 

El teniente coronel Millán Astray, se encuentra con sus tropas a punto de entrar en Tazarut, para terminar con la revuelta de El Raisuni. A las cuatro de la mañana del día 22, recibe una orden del general Álvarez del Manzano, que suspende las operaciones con carácter urgente y ordena que la Bandera, parta de inmediato hacia Tetuán, sin saber qué está ocurriendo. Se reúne a los comandantes y se sortea quién abrirá la marcha, le toca a Franco ponerse a la cabeza de las tropas. Antes del amanecer, las tropas ya se han puesto en marcha hacia Ceuta, tardan 17 horas en llegar a Fondak por caminos montañosos, prácticamente sin descansos. Se come y se bebe en marcha, se ordena un pequeño alto de apenas una hora, para que los hombres puedan comer un rancho caliente y descansar los pies llagados. A media noche, logran llegar a Fondak, la tropa está deshecha, logran cenar algo caliente y se quedan dormidos en el sitio, tras 17 horas de extenuante marcha. A las cuatro de la mañana, ante los apremiantes llamamientos de los mandos de Ceuta, se levanta a la tropa y se reanuda la marcha. A primera hora de la mañana, están entrando en Ceuta, han recorrido 101 kilómetros en día y medio.

El comandante Fontanés, a la cabeza de la segunda Bandera, también llega a Ceuta desde el Zoco de Beni Aros. Con las tropas reunidas, Sanjurjo, le dice a los mandos legionarios que deben partir en socorro de Melilla, exponiéndoles la situación. Millán Astray reune a las tropas y les arenga:

"Legionarios, Melilla nos llama en su socorro, ha llegado la hora de los legionarios. La situación es grave, es posible que todos debamos dejar la vida en esa empresa. Si hay alguno que no quiera venir con nosotros, que se marche, queda licenciado ahora mismo. Legionarios, jurad ahora mismo, si es preciso, morir en socorro de Melilla".

Acto seguido, se dirigieron al puerto de Ceuta y se embarcaron en dirección a Melilla.

Mientras las tropas de refuerzo se ponen en marcha hacia Melilla, en el campamento de Annual, todos los jefes de tropa se reúnen y se produce un consejo de guerra, donde se decide realizar una retirada escalonada hacia Ben Tieb, haciendo frente a posibles ataques rifeños, sin perder la cara al enemigo. Tropas nativas afectas a los españoles les recomiendan no hacerlo, retirarse es muestra de debilidad y puede hacer que cabilas rifeñas que han declarado lealtad a los españoles, se vuelvan contra ellos. Se deshecha la posibilidad de aguardar los refuerzos que han prometido que llegaran a Melilla desde Ceuta, ya que se estima, que no podrán llegar hasta allí, antes de una semana y ellos carecen de pertrechos para aguantar un sitio. Silvestre no convertiría Annual en un segundo Igueriben. Se ordena inutilizar las baterías de cañones, se abandonaría toda la impedimenta de campamento y se marcharía ligero.

La aguada de aquella mañana para el campamento de Annual fue rechazada por un nutrido grupo de rifeños. Desde varias posiciones del campamento, empiezan a ver nutridos contingentes de tropas rifeñas y eso provoca que los hombres se pongan aún más nerviosos. La desbandada comienza. Recordemos que la mayoría de las tropas que hay en el campamento, no son soldados profesionales, son soldados de leva, que llevados por el miedo y por la ausencia de algunos de sus mandos, que mantenga el orden entre sus filas, (algunos mandos aún estaban en Melilla, donde ellos hacían su vida, mientras sus tropas estaban en sus guarniciones, otros aprovechando que poseen automóviles o caballos, abandonan su posición so pretexto de informar de la situación en Melilla). Silvestre, fuera de sí y totalmente enajenado camina entre los hombres, realizando disparos al aire. No se sabe con certeza, qué le pudo ocurrir a Silvestre, parece ser que algunos de sus ayudantes, trataron de realizar una defensa de su tienda, donde el general, se habría suicidado en su interior. Otras versiones aseguran que Silvestre y sus ayudantes, fueron de los últimos en abandonar el campamento y cayeron bajo las balas rifeñas.

Sin un mando claro, las órdenes y las contraórdenes se suceden sin control, hay continuos toques de corneta, causando la confusión entre las tropas bisoñas . Los soldados son conscientes que no acudirán fuerzas de refuerzo desde Melilla, se ven rodeados de enemigos y piensan que deberán retirarse bajo un nutrido fuego enemigo, eso causa el desánimo y el pánico entre la tropa. Sin mandos que les guíen, pues algunos se habían arrancado galones y embarcado en vehículos a motor, para salvar su vida, dejando atrás a sus hombres, provoca que el pánico se extienda con mayor rapidez. La soldadesca se agolpa en la salida del campamento, tratando de escapar lo antes posible.

Los soldados del Ceriñola debían cubrir la retirada, mientras los hombres designados para inutilizar cañones e impedimenta, se afanaban en esa tarea. Los soldados que caían heridos en a lo largo de la columna, eran en muchos casos abandonados por sus compañeros, a sabiendas del trágico final que les esperaba. Pocas unidades son capaces de mantener el orden en la retirada, entre ellas, se cuentan las unidades de ingenieros. En cualquier caso, son aquellas unidades que mantienen el control, las que menos bajas tendrían, pues los rifeños, prefirieron atacar presas más vulnerables.

Cuando por fin logran llegar a la posición de Izzumar , allí no encuentran una posición donde hacerse fuerte. Se encuentran la guarnición abandonada y con todos los pertrechos destruidos, de su guarnición, no hay señales. Al ver la desbandada de mandos huir en dirección a Melilla, los hombres de Izzumar, abandonaron sus posiciones.

Si la masacre no fue mayor, se debió a que los rifeños, no eran tropas regulares, muchos de ellos se lanzaron al ataque en busca de algo de botín. El abandono de la impedimenta en Annual, el saqueo de los hombres heridos en su retirada, etc..., ralentizaba la marcha rifeña, ávidos de botín. También se piensa que ni el propio Abd el Krim, contaba con que la tropa española, se viniera abajo tan fácilmente, por eso no ordenó desde el principio una persecución sin cuartel, ni un ataque frontal, contra la columna en retirada, que hubiera provocado una carnicería aún mayor. Las tropas rifeñas, se contentaban con disparar desde las seguras estribaciones y evitaban llegar al combate cuerpo a cuerpo. 

Buena caza y largas lunas.




Monday, October 31, 2022

Nuevos rifeños a pie. Benítez y la defensa de Igueriben.

Seguimos con la escalada de miniaturas, para avanzar en el reclutamiento de la Harka, ahora añadimos una nueva unidad unidad de infantería. Como os comenté en entradas anteriores, cada unidad está compuesta por 6 fusileros, un mando y la posibilidad de añadir un granadero. De momento, aquí os presento los seis fusileros, en próximas tandas de pintura, quiero ponerme con los blister de granaderos y mandos, para poder completar estas unidades de infantería.

Como podéis ver, continúo tratando de reforzar el aspecto heterogéneo de estas unidades, mezclando colores y haciéndolas bastante llamativas.

Quisiera aprovechar esta entrada, para continuar avanzando en la cronología de la serie de hechos que se darían en conocer como el Desastre de Annual. En esta ocasión, hablaré de la defensa de Igueriben.

Igueriben era una posición en altura que se ocupó el 7 de junio de 1921, al sur del campamento de Annual, en respuesta a la pérdida de Abarrán. Se trata de una posición estratégica que presentaba un gran problema logístico, carecía de agua cerca y había que realizar un peligroso periplo para conseguirla, a través de zonas de barrancos, perfectas para que tropas enemigas se emboscaran. Para complicar aún más la situación, había una loma colindante, la Loma de los Árboles, desde la que era posible dominar y hostigar Igueriben.


El coronel Morales, jefe de la policía indígena, mandó la columna de ocupación, conformada por una batería de montaña conformada por 33 hombres y 4 piezas Schneider 75 mm, la segunda y cuarta compañía del regimiento Ceriñola 42, compuesta por unos 300 hombres, una sección de ametralladoras conformada por 16 hombres y una estación óptima compuesta por tres hombres. Aproximadamente 350 hombres que quedaron al cargo de Julio Benitez Benitez, que se incorporó unos días más tarde a la posición, tras recuperarse de las heridas sufridas en la defensa de Sidi Dris el día 2 de junio.

                                                     capitan-benitez--300x400

El 14 de junio, la posición sufrió los primeros ataques, durante 9 horas, fue atacada de forma intermitente y el asalto pudo ser rechazado gracias al fuego de fusilería. Tras esa primera escaramuza inicial, sobrevino un periodo de calma y no sería hasta primeros de julio, cuando la posición volvió a ser hostigada. En principio se trataba de acciones aisladas, pequeños amagos y fintas, para recordar a los hombres de la posición, que estaban en territorio enemigos. Todas esas acciones se saldaron sin ningún tipo de bajas para las tropas españolas, ya que permanecían parapetadas tras los sacos terreros y alambradas. El 14 de julio la acción se recrudeció y volvieron a sufrir un ataque intermitente durante nueve horas.

Primer día de Asedio, 17 de julio 1921:

Abd el-Krim, lanzó ese día el primer asalto serio contra la posición, su intención era cortar las comunicaciones con Izzumar, desde donde los españoles recibían la aguada y el aprovisionamiento. El ataque fue frontal y muy violento, durando el tiroteo todo el día, causando los primeros heridos y muertos entre las tropas españolas. Desde Annual se observa el movimiento de tropas enemigas y se envía una columna de hombres, al mando de Tte Coronel Pedro Marina, del Regimiento Ceriñola, para ayudar a aliviar la posición, la columna estaba formada por un tabor de regulares, tres compañías de fusiles del Ceriñola y una batería montada. La columna ataca el flanco derecho rifeño y hace que las tropas enemigas se retiren. Es entonces cuando se ordena a la columna de aprovisionamiento avanzar a Igueriben, pero éste es hostigado todo el camino con fuego irregular de fusilería. Pequeños grupos de rifeños, aparecían de la nada, realizaban unas pocas descargas de fusilería y volvían a desaparecer en el terreno.

La columna de aprovisionamiento estaba al mando del comandante D. Juan Romero López y formada por:

  • 10 mulos cargados con cubas de aguas.
  • 12 mulos cargados con víveres.
  • 41 mulos con cargas de municiones: 336 granadas de metralla de 75 mm, 36 granadas rompedoras, 176 granadas ordinarias, una caga de botes de metralla y 10 cajas de cartuchos de fusil.
  • 4 mulos cargados con artolas para transportar heridos.

La protección de la misma se encomendó a un escuadrón de regulares, al mando del teniente de caballería Joaquín Cebollino von Lindeman. Nada más partir la columna, un tirador rifeño disparó sobre el comandante Romero, que cayó herido. La columna continuó el avance, cada vez mas hostigados por fuego de fusilería. Los Regulares se vieron obligados a cargar varias veces para asegurar la progresión. El fuego de los rifeños sobre hombres y mulos era continuo, obligando al convoy a estirarse y a hacer fuego de protección por descargas. El teniente von Lindeman volvió a cargar contra la masa de rifeños para tratar de asegurar la llegada del convoy a la posición, siendo el primero en llegar a la misma. Allí ayudado de algunos soldados, abrió la puerta de la alambrada y quitó los sacos terreros que obstruían la entrada. Su avance fué protegido por dos ametralladoras que el teniente D. Alfonso Galán Arrabal sacó fuera de la posición de Igueriben y que emplazó en unas alturas próximas, enfilando de flanco a los rifeños.


Mientras tanto, el teniente de artillería Nougués, encargado junto a un grupo de artilleros, de asegurar el suministro de municiones de artillería,había caído al suelo al resultar muerto su caballo. Sin desanimarse, pistola en mano, se puso al frente del convoy e hizo que llegasen a la posición. Al percatarse de que varias cargas de munición habían caído pendiente abajo al ser abatidos sus mulos, el teniente Nougués y sus artilleros se lanzaron a recogerlas, consiguiendo introducirlas en la posición, donde son recibidos con vítores. En esta acción 8 artilleros resultaron heridos.

Despues de dejar en la posición a las acémilas, a sus conductores (31 soldados de intendencia) y al teniente Nougues con sus artilleros (menos un herido que consiguió ser evacuado en artola hasta Annual), el escuadrón de Regulares regresó a Annual tras romper de nuevo el cerco enemigo a la larga y recogiendo a su paso todas sus bajas habidas en el combate (cinco muertos, nueve herdios y dos contusos). Tal acción le valió al teniente von Lindeman la concesión de la Laureada el 1 de agosto de 1927.

Las bajas totales españolas en este combate fueron 17 muertos y 55 heridos. Entre los muertos estaba el teniente Ledesma, del Rgto. Melilla núm. 59.

El agua que habían traido se había derramado casi en su totalidad por estar las cubas muy agujereadas. A partir de este día los defensores que quedaron sin agua y se vieron forzados a chupar mondas de patatas machacadas y a beber el líquido de los botes de tomates y pimientos, agua de colonia, tinta y orines mezclados con azúcar.

Segundo día de asedio, 18 de julio de 1921:            

Los ataques continuaron durante toda la noche y la madrugada, logrando llegar los rifeños a la zona de alambradas, donde fueron rechazados con descargas cerradas de fusilería, granadas de mano, ráfagas de ametralladora y cargas de bayoneta. Los artilleros dispararon con la espoleta graduada a cero. Las bajas españolas fueron tres muertos y tres heridos.

Víctimas de este ataque nocturno fueron los mulos del convoy de aprovisionamiento. Atrapados entre la alambrada y el parapeto, asustados y heridos, muchos de ellos se desplomaron sobre la alambrada y la destrozaron en gran parte. Los españoles tuvieron que rematar a los supervivientes para que los destrozos no aumentasen. Por la tarde sus cuerpos se hincharon con el calor (55 grados) y estallaron, lo que añadió otra pesadilla a los defensores, que vomitaban por el pestilente olor de los destrozados cuerpos de los mulos.

Al despuntar el día los rifeños trataron de cortar por segunda vez el camino a Izumar haciendo una trinchera, pero una compañía de ingenieros de Annual la reparó a toda prisa. La aviación española en Melilla envió dos aparatos, cuyas bombas ni asustaron a los rifeños. En Annual cundía la alarma, pues alrededor del mediodía se dieron cuenta que se iban a quedar sin municiones de artillería. Mientras tanto, se pasaron el resto del día preparando otro convoy de aprovisionamiento.

En Igueriben la posición siguió sufriendo un violento fuego de fusilería. El ataque enemigo fue más intenso en el sector este, donde los rifeños podían acercarse a cubierto de unso peñascos. Los rifeños comenzaron a disparar con un cañón, seguramente uno de los tomados en Abarrán, si bien al principio su puntería no era buena, por la tarde consiguieron producir bajas entre la tropa. El fuego se intensificó cuando los de Annual trataron de salir con otro convoy, que fue parado inmediatamente por la gran superioridad de los rifeños.

El comandante Benítez ordenó al teniente D. Ovidio Rodríguez que enterrara a los muertos fuera de la posición, porque dentro de la misma el terreno era de roca. El teniente procedió a ello, pero nada más salir de la alambrada su sección es objeto de un violento fuego que le ocasionó dos bajas. Se le ordenó retirarse sobre la posición, pero a pesar de ello consiguió enterrar el cadáver del sargento Antón y reparar la alambrada del sector norte.

El teniente D. Luis Casado Escudero y el soldado Julián Muñoz Contiñán fueron felicitados por el comandante Benítez frente a su compañía, por el valor y pericia demostrados al recoger a un soldado de Regulares del convoy del día anterior, con su fusil y su munición, que el día anterior había quedado malherido frente a la posición.

Ese día los defensores de Igueriben sufrieron 3 muertos y 4 heridos de tropa. Fue herido también el teniente D. Julián Sierra Serrano, que tuvo que dejar el mando de su sección.

Tercer día de asedio, 19 de julio de 1921:             

Al anochecer el ataque rifeños se intensificó sobre Igueriben, llegando hasta las alambradas y arrojando granadas de mano. Los de Igueriben emplearon los 50 granadas que los quedaban de dotacion para repeler el ataque, y tuvieron que concentrar los fuegos de los cañones sobre la entrada de la posición, pues hasta ella habían llegado los atacantes. El comandante Benítez se distinguió aquella noche, pues estuvo en todos los frentes dirigiendo la defensa y animando y arengando a sus tropas en todo momento. Esa noche murieron 4 de los seis policías y un cabo que había en la posición, defendiendo la cocina del campamento.

A las 04:00 horas el comandante Benítez solicitó auxilio urgente. En el campamento de Annual se organizaron tres columnas a toda prisa:

  • Comandante Alfaro, al mando de dos compañías de fusiles y un escuadrón de Regulares. Misión: ocupar las alturas del norte y sobre la derecha del camino que conducía a Annual.

  • Tte coronel Nuñez de Prado, al mando de dos compañías de fusiles, una de ametralladoras y un escuadrón de Regulares, al mando del teniente von Lindeman. Misión: introducir el convoy de abastecimiento en Igueriben.

  • Comandante Romero López, al mando de tres compañías de fusiles y una batería, que actuaría como reserva.

Dada la orden de avance, la columna del comandante Alfaro ocupó sus objetivos sin resistencia, pero la del teniente coronel Nuñez del Prado quedó detenida rodeada por numerosos enemigos. El teniente coronel envió al teniente von Lindeman para informar de la imposibilidad del avance, pero regreso al poco tiempo con la orden de resistir sobre el terreno. El teniente coronel envió al capitán D. Carlos Zappino y Zappino de nuevo al campamento con el mismo mensaje, pero el coronel le despachó de regreso reiterando su orden. El capitán Zappino no llegó a su puesto, pues fué muerto en el camino de vuelta.

El acoso enemigo llegó hasta el propio campamento de Annual y amenazó con cortar la retirada de las tres columnas. Estas tuvieron que replegarse por escalones hasta Annual. En la última fase del repliegue fueron apoyados por siete compañías del Regimiento de San Fernando y una compañía de ingenieros que fueron enviadas desde las posiciones de Izzumar y Dar Drius.

Las bajas españolas en este combate ascendieron a 88: 14 muertos y 74 heridos. Entre los muertos se encontraron el capitán Zappino y el teniente D. Francisco Nuevo Soriano.

A las 14:00 horas el coronel de caballería D. Francisco Javier Manella Corrales llegó a Annual y se hizo cargo del mando de la circusncripción de manos del coronel de artillería Argüelles.

A las 16:00 horas el coronel Manella organizó un nuevo intento: el capitán Rosal, al mando de su compañía de Regulares y apoyado por otras tres compañías de Regulares, trató de subir hasta la posición llevando tres cantimploras por hombre. El avance fue apoyado por tropas peninsulares del Regimiento de África desplegados a su derecha. Pero tras una extenuante marcha bajo continuo fuego enemigo, fatigados e impotentes, los soldados de Regulares se ven obligados a retroceder.

Mientras tanto, los defensores de Igueriben comenzaron a sufrir las torturas de la sed, llegando a beber tinta, agua de colonia y hasta sus propios orines. El enemigo seguía haciendo fuego de fusilería sobre la posición. Un cañón enemigo emplazado a unos 1.300 metros destrozó parte del parapeto norte y cuatro cajas de municiones. Por su parte, la batería de Igueriben casi había agotado sus municiones.

En un momento dado se recibió en la posición el siguiente telegrama: 

"El Mando felicita a los heroicos defensores, alentándoles a seguir manteniendo la resistencia con ese admirable espíritu de sacrificio, que es la admiración y orgullo de sus hermanos de armas. Ya se hallan concentradas en Annual numerosas fuerzas que han de convoyar los socorros de que tan necesitados está esa posición. Y tropas frescas para relevar a los heroicos defensores de Igueriben, que tan ganado tienen el descanso. La Patria, atenta a vuestro gallardo gesto, sabrá recompensar vuestros sacrificios."

Cuarto día de asedio, 20 de julio de 1921:

Por la noche los rifeños reanudan los ataques, utilizando de nuevo granadas de mano. Trataban de apoderarse de los cadáveres de sus compañeros que estaban muertos en la alambrada y en la zona de la batería, que por permanecer muda creían indefensa. Hubo que enviar a este sector una sección del Ceriñola al mando del alférez Villanova, quienes ocasionaron numerosas bajas al enemigo.

La situación llegó a ser tan apurada esa noche que se solicitó a Annual que rodeara la posición con fuego de artillería para evitar los reiterados asaltos enemigos, cosa que hicieron los artilleros de Annual con precisión matemática. El ataque remitió algo a primeras horas del día, pudiendo darse descanso a las tropas, pero sin abandonar el parapeto.

El general Navarro llegó por la mañana a Annual con refuerzos de Policía Indígena. Al ponerse al corriente de la situación comunicó al general Silvestre que la situación en Annual era bastante delicada y que no realizaría ese día ningún intento de romper el cerco, dado el escaso espíritu de lucha que había encontrado en las tropas.

Por su parte, los defensores de Igueriben continuaban resistiendo. Aumentaban las bajas en número considerable, tanto de heridos como de agotamiento, y las ametralladoras comenzaron a fallar por falta de refrigeración y averías mecánicas. Un proyectil de artillería cayó en la enfermería, matando a una treintena de heridos que allí se alojaban. Tan solo quedaban un centenar de defensores en condiciones de luchar, cuyo número apenas era suficiente para cubrir el parapeto, en el cual también se hallaban los heridos y los oficiales.

Nuevamente sufren otro ataque por la noche, desde Annual se les pide un último esfuerzo, prometiéndoles que al día siguiente se hará un nuevo intento por llegar hasta la posición con socorro.

El general Silvestre pasó el día en Melilla tratando de reunir soldados para mandar a Annual, y a solicitar al Alto Comisario el envío de barcos y aviones.

Quinto día de asedio, 21 de julio de 1921:             

De madrugada el general Silvestre partió de Melilla hacia Annual. Le seguían todos los soldados que había podido reunir de las diferentes unidades de la capital: centinelas, oficinistas, rancheros, albañiles, carpinteros, etc, cuya capacidad de combate dejaba mucho que desear.

Mientras tanto, en Annual el general Navarro había preparado una nueva operación para socorrer Igueriben. Formó a unos 3.000 hombres en dos columnas:

  • Coronel Morales, al mando de toda la Policía Indígena y las harkas amigas, más 4 compañías de fusiles peninsulares. Su objetivo era alcanzar la Loma de los Árboles, expulsar de ella al enemigo y proteger el convoy de aprovisionamiento.

  • Coronel Manella, al mando de todos los Regulares y tropas peninsulares disponibles. Debía alcanzar las alturas dominantes de la izquierda y proteger el convoy de aprovisionamiento.

La operación comenzó al despuntar el día con una fuerte preparación artillera. Se da la orden de avance y pronto se puso de manifiesto que el espíritu combativo de los soldados dejaba mucho que desear. La tropa estaba desmoralizada. Los coroneles Morales y Manella tuvieron que retroceder.

A las 12:30 horas el general Silvestre se presentó en Annual justo a tiempo para presenciar el fracaso del general Navarro. Al darse cuenta de la retirada de las tropas, el comandante Benítez envía un telegrama, reprochando que les abandonen a su suerte. Aunque Silvestre quiere volver a atacar, sus ayudantes le hacen recapacitar y aconsejan que de permiso a Benítez, para parlamentar su rendición con el enemigo.  

El comandante Benítez , responde que "los oficiales y soldados de Igueriben, mueren, pero no se rinden". 

A las 16:00 horas las avanzadillas españolas más próximas a Igueriben, situadas a unos 500 metros, comenzaron a replegarse. Al verlo, el comandante Benítez reunió a sus oficiales y les anunció su decisión de abandonar la posición y de sacrificar sus vidas para salvar la de sus hombres. Previamente había enviado un heliograma al general Silvestre escrito en estos términos: 

"Nunca esperé recibir de V.E. orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que en ella me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el Mando, dispongo que empieze la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente, pues la oficialidad que integra esta posición, conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los oficiales españoles.".

El comandante Benítez formó una columna en un desesperado intento de salvar a los pocos hombres que pudieran hacerlo:

  • Vanguardia: al mando del capitán  Arturo Bulnes.
  • Flanco izquierdo: al mando del teniente Alfonso Galán Arrabal.
  • Flanco derecho: al mando del teniente  Luis Casado Escudero.
  • Grueso, con los heridos y enfermos, al mando del propio comandante Benítez.
  • Retaguardia: al mando del capitán Federico Paz Orduña

El resto de los oficiales se repartieron entre las columnas. El comandante Benítez distribuyó las municiones (20 cartuchos por cabeza) y 15.000 pesetas de la caja de las compañías, "con el encargo de reintegrarlas en el regimiento si se abren camino.". A continuación quemaron las tiendas e inutilizaron el material.

Se transmitió el último mensaje a Annual: 

"Solo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros, pues moros y españoles estaremos revueltos en la posición."

El comandante da la orden de iniciar la salida. Al momento la mitad de la sección de vanguardia cayó en la puerta de la posición, atacada por los riñefos que irrumpían en masa en la posición. Pero los supervivientes no se replegaron, sino que se lanzaron a la bayoneta pendiente abajo para unirse a los españoles que se retiraban. Los que quedaban en la posición les siguió en carrera desesperada. Los oficiales se quedaron atrás sobre los sacos terreros, fusil al hombro, disparando sobre los rifeños para proteger la huida de sus hombres. Todos ellos resultaron muertos, menos el teniente Casado que, herido, fue dado por muerto en la confusión del asalto final, y hecho prisionero posteriormente junto a un soldado.

El comandante Benítez murió al frente de sus hombres, a los cuales nunca abandonó. Recibió un disparo que le hizo caer al suelo, pero se rehizo inmediatamente conservando su admirable serenidad, continuó luchando, hasta que un nuevo disparo en su corazón le hizo caer muerto.

De los fugados llegaron vivos a Annual el sargento Dávila y unos 14 soldados. Otras fuentes dicen que se salvaron 36 en total. El artillero Antonio Andreu Modol estaba entre los supervivientes. Cuatro murieron en Annual tras atracarse de agua, tras cinco días casi sin ingerir líquido alguno.

Conclusiones:

No hay cómputo oficial de las bajas de Igueriben, pero se estima que murieron 320 de los 354 hombres que componían la posición.

Todos los oficiales de Igueriben, menos el teniente Casado, murieron defendiendo la posición:

  • Al Comandante Julio Benítez Benítez, del 2º Batallón del Regimiento de Ceriñola num. 42. Por su valor y pericia al mando de la posición se le concedió la Laureada.
  • Capitán Arturo Bulnes Martín, de la 2ª Compañía del 1er. Batallón del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
  • Capitán Federico Paz Orduña, de la 1ª Batería Ligera del Regimiento Mixto de Artillería. Por su valor se le concedió la Laureada.
  • Teniente D. Justo Sierra Serrano, de la 2ª Compañía del 1er. Batallón del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
  • Teniente D. Manuel Castro Muñoz, de la 4ª Compañía del 3er. Batallón de Regimiento de Ceriñola núm. 42.
  • Teniente D. Ovidio Rodríguez, de la 4ª Compañía del 3er. Batallón del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
  • Alférez D. Rafael Villanova Hopper, de la 4ª Compañía del 3er. Batallón del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
  • Teniente D. Alfonso Galán Arraba, de la Compañía de Ametralladoras de Posición.
  • Teniente Ernesto Nougués Barrera, del Parque Móvil de la Comandancia de Artillería.
  • Teniente D. Julio Bustamante y Vives, de la 1ª Batería Ligera del Regimiento Mixto de Artillería.
  • Alférez D. Enrique Ruiz Osuna, de Intendencia.

El teniente Casado fue hecho prisionero. Pasó en cautividad dieciocho meses junto con el resto de prisioneros tomados por los rifeños durante los días del Desastre de Annual. Una vez liberado, el teniente redactó parte escrito de la defensa y caída de la posición de Igueriben, gracias a la que conocemos gran parte de lo allí acaecido. El número de las bajas rifeñas durante los diversos asaltos a la posición, se desconocen, ya que no pudieron ser cuantificados, aunque se consideran que fueron numerosas.

Recomendar a aquellos que estén interesados en el tema, visiten la páginas de Ferrer Dalmau, magnífico pintor, que realizó el lienzo "Las levas heroicas de Igueriben", donde refleja el momento de la entrada en el campamento del último avituallamiento que llegó hasta el campamento. En su mayoría, los soldados que formaban esa columna, eran "soldados de reemplazo", es decir, aquellos que estaban realizando su servicio militar obligatorio, no eran soldados profesionales. Aún así, hicieron todo lo posible, por llevar socorro y ayuda a sus compañeros asediados.

 



Comentar, que Baraka GM, ha diseñado dos blister que hacen referencia a este hecho, cada uno está formado por un mulero y una mula cargada con provisiones, próximamente estarán a la venta. Os dejo un detalle de las mismas, para ir abriendo boca. Por mi parte, me haré con un par de blíster, ya que tengo muchas ganas de meterles mano.






Buena caza y largas lunas



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